Kim, camina hacia Gabriela y los ve profundamente dormidos. Angustiada por lo que pueda suceder, acaricia el rostro de su hijo que sonríe ante el contacto.
‘No puedo poner más en riesgo a mi hijo. Él debe vivir una infancia normal y no, una que desde antes del nacimiento, era perturbadora para él. Necesito saber que está a salvo. Solo así, podré decir que en esto, al menos fui una buena madre que prioriza la seguridad de su hijo.’ murmura Kim mentalmente.
— ¿Qué sucede, Kim? — pregunta Gabriel