La vergüenza me invade mientras a Alessandro, le parece de lo más normal, darme comida en la boca y limpiarme los costados de mi esta, diciendo palabras dulces, como si fuera una bebé.
— Venga, cariño, come un poco de ensalada, eso va a nutrir tu cuerpo y crecerás mucho, bebé. — murmura Alessandro y yo suspiro profundo al ver que se ha tomado en serio eso de atenderme.
— No me llames bebé y tampoco digas que creceré, ya mi tiempo para crecer, pasó hace rato. El que tiene que crecer es Asher.
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