Alessandro estaba agotado. Había estado tanto tiempo buscando a la mujer que puso en peligro la vida de ambos, que no objeto más cuando Kim lo llevó a su habitación. Allí, ella se acostó en la cama y él hizo lo mismo sin tocarla.
Él había prometido algo y, aunque ella lo abrazaba con fuerzas, Alessandro, no habló al respecto, porque era demasiado tarde y había varios problemas que resolver. Kim, quien tenía su cabeza sobre el pecho de Alessandro, podía sentir cuan agitado estaba su corazón.
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