Todos sabían que para esto habían sido contratados. Pero aun así se encontraban ansiosos por lo que pudiera pasar. Los hombres del mayor de los Delacroix, se acercaban rápidamente hacia la finca. Cuando sus hombres tocaron el suelo y tocaron la puerta de la casa, Kim corría hacia el abuelo de sus hijos con lágrimas cayendo sobre sus mejillas.
— Señores Delacroix, es momento — dice Kim y ellos de inmediato, se levantan.
Ambos corren hacia los lugares opuestos, mientras Kim guarda su arma y se q