No puede ser, esto no me puede estar sucediendo a mí. El padre no para de hablar, va demasiado de prisa, dentro de nada me toca darle el “Sí”
¿Dónde estás Ale? Si tan solo escuchara tu voz diciendo “Yo me opongo”.
Solo yo puedo saber lo mal que me siento en estos momentos por querer hacerle esto a Orlando.
Él está ahí, parado justo al lado mío, con la sonrisa más genuina que le he visto en estos cuatro años que llevamos juntos.
No tiene ni idea que lo menos que quiero hoy es casarme con él
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