AURORA
Estaba mortificada y no podía dejar de llorar. Me dolía, tanto física como emocionalmente, y cuando llegué a la habitación que compartía con Giorgio, caí al suelo junto a la cama y prácticamente rompí a llorar desconsoladamente. Sabía que había algo extraño en la forma en que me habían mirado desde el primer día. Sabía que no me gustaba cómo me miraban, pero aun así había pensado que se trataba más bien de una reacción al ver a alguien nuevo y diferente. Había esperado que se acostumbrar