A la par que esa situacion se vivía en la mansion Albani; las cosas no estaban tan calmadas como deseaba aparentar Ramiro Tards, ya que sabía que cada minuto que pasaba podía ser el último de su amada hija.
Justo en esos momentos se sentía tan impotente, ya que el tiempo pasaba y aún seguía sin entender lo que habia ocurrido, a la vez que maldecía a todos esos incompetentes que trabajaban para él.
Ramiro estaba en la oficina de su casa, caminando en círculos, mientras pensaba como es que habia