Poco a poco el tiempo pasaba y las cosas ya no eran igual, ella se deterioraba cada minuto, segundo, tras cada inhalación de viento fresco.
Era lunes por la tarde y Ángel apenas y podía mantener abierto los ojos. Llevaba rato mirando sus movimientos en cuanto noté que tardaba en comprender los ejercicios que colocaba el profesor de matemáticas.
Usualmente ella muy lista y los terminaba de primera, entregaba y se sentaba de nuevo para molestarme. Pero ese día era diferente, puesto que se sentó t