Suele pasar que la belleza y la inteligencia no vienen agarradas de mano, pero ella era uno de esos casos en los que traía a ambas domadas y juntas.
—Deja de morderte la uña —Comentó acostada boca abajo mientras revisaba aburrida su teléfono.
No lograba comprender como podía estar tranquila una noche de viernes luego de haberle quitado la vida a dos policías.
Respiré profundo y la miré desde mi cama.
— ¿Qué haremos si se enteran de lo que hiciste?
Siguió jugando con el teléfono e ignorándome, h