Mariana se sobresaltó y, de inmediato, rechazó cortésmente: —No es necesario, yo puedo manejarlo sola.
—Mejor te acompaño. Así queda, yo cuelgo —dijo Serafín antes de finalizar rápidamente la llamada, sin darle oportunidad a Mariana de refutar.
Mariana suspiró y se encogió de hombros. Estaba a punto de bajar el celular cuando se dio cuenta de que Walter aún le sujetaba la muñeca, así que tuvo que recordarle amablemente: —Señor Guzmán, seguir así ya es una falta de respeto.
Estaban en el proceso