Walter se detuvo en la puerta sin entrar. Mariana tampoco la llamó. En cambio, siguió a la directora hacia la habitación.
Jimena estaba despierta, con los ojos rojos e hinchados, y lágrimas aún colgaban de su rostro. Su boca estaba incluso cubierta, lo que le impedía gritar.
Al ver a Mariana, su cerebro pareció recibir un estímulo, y sus ojos se abrieron de par en par, como si quisiera matar a Mariana.
Sus manos y pies comenzaron a moverse frenéticamente, pero no podía liberarse de las ataduras