Mariana bajó la cabeza y recogió su ropa. Los agujeros en la tela parecían recordarle lo que había sucedido hace un momento en Ciudad de Fantasía. Al mirar hacia abajo, sus zapatos y pantalones estaban sucios.
Tan tarde sin regresar, su papá seguramente la estaba esperando en la sala. Cuando la viera así, seguro pensaría lo peor. Mariana suspiró, resignándose a la situación.
—Gracias, señor Guzmán, lamento causarle molestias —dijo con una sonrisa, su tono suave.
Sin embargo, esas palabras tan fo