—¿Por qué estás tan enfadada? ¿Buscas a alguien para golpear a estas horas de la noche?
Walter iba a decir algo más, pero vio que Mariana ya se había sentado en un banco a comer.
Walter la miró con una expresión algo complicada.
Mariana, delgada, parecía particularmente frágil sentada allí. Había algo solitario en ella que le partía el corazón y le causaba sentimientos encontrados.
Walter se mordió los labios y suspiró, sentándose a su lado.
Mariana lo miró de reojo. —¿Qué haces aquí tan tarde e