Mariana se inclinó ligeramente hacia adelante y, con tono amenazante, dijo: —Señor Luis, esto es solo una advertencia. Respete a las mujeres de ahora en adelante, o le quitaré la vida.
Luego sacó el pin con firmeza.
—¡Ay! ¡Tú! —Luis se arrodilló en el suelo incapaz de moverse, gritando de dolor.
Señalaba a Mariana, sintiendo un dolor punzante que le paralizaba el cuerpo.
Ella solo quería darle una lección con la aguja de plata.
Pero, dado que no pudo obtener el Ganoderma, decidió usar la aguja p