—Oh, una paciente intentó aventarse y él la salvó —explicó Mariana mientras miraba la herida en su muñeca.
En realidad no era gran cosa, apenas un rasguño.
De repente, le vino a la mente la imagen de la mano de Walter llena de cicatrices, mucho más grave que la suya.
—Quiero decir, cuando subiste a mi coche, Walter te vio —añadió Serafín.
Mariana se quedó perpleja por un momento, luego giró la cabeza y lo miró antes de soltar una carcajada.
—¿Y eso qué?
Serafín, confundido, le preguntó: —¿De ver