Mariana se deslizó cuidadosamente por el pasillo, echó un vistazo al monitor de seguridad y le guiñó un ojo, haciendo un gesto de «OK» con la mano.
Mientras tanto, en la sala de monitoreo, alguien misterioso borró silenciosamente esa evidencia.
En la entrada del hospital, Mariana abrió rápidamente la puerta de una camioneta negra y se metió.
Un joven ya la estaba esperando dentro.
—¿Borraste las grabaciones? —preguntó Mariana.
Joaquín asintió y respondió: —Claro, jefa.
Él era Joaquín Campos, el