Al escuchar esas palabras, el rostro de Mariana se oscureció en un instante, como una tormenta de verano. En voz baja, preguntó: —¿Me estás amenazando?
Paulo y Adriana, al ver la situación, se levantaron apresuradamente y los observaron salir. La puerta del privado fue golpeada con fuerza, emitiendo un estruendo que los dejó afuera.
Walter, con la cabeza baja, miraba a Mariana luchando en sus brazos, y sus ojos mostraban una creciente furia. —Menos mal que te diste cuenta.
Mariana intentó libera