Mariana se levantó de la mesa temprano y fue al salón, sentándose al lado de Tobías.
—Papá, ¿te arrepientes de haberme dejado volver con Walter? —preguntó Mariana.
Tobías soltó una risa contenida, haciéndose el desentendido. —Las cosas que digo nunca las lamento.
—Gracias, papá —Mariana lo abrazó.
Tobías suspiró: —Con la edad que tienes, todavía abrazas a tu papá. Ay, si Walter te ve, ¡se va a poner celoso!
—¿Y qué tiene de malo que abrace a mi papá? ¡Sea como sea, siempre seré la niña buena de