Mariana llegó a Mesoluz justo a las cinco de la mañana. El sol se levantaba y toda la ciudad tenía una indolencia indecible. El clima de Mesoluz es constante, entre veinte y treinta grados, al lado del mar, y el viento siempre es muy suave.
En el hotel de Mesoluz, la puerta de la suite presidencial estaba abierta, como si esperara la llegada de Mariana.
Ella tomó la maleta del mayordomo, sonrió y dijo: —Está bien, gracias.
El mayordomo asintió, le dio algunas instrucciones más y luego se fue.
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