Walter parecía no haber conocido nunca a Mariana. Ella bajó la cabeza, dejando caer lágrimas, sin querer decir nada.
—¿Qué tengo que hacer para que esto pase? ¿Eh? —Walter apretó la muñeca de Mariana y la empujó contra la pared, como si hoy necesitara obligarla a dar una respuesta.
Él había hecho todo lo que podía. Pedir perdón no sirvió de nada. La llevó y la trajo del trabajo, pero ella lo rechazó. Le regaló flores, y ella ni siquiera las miró antes de tirarlas. Se acercó a ella intencionadame