—Es muy tarde, has bebido de nuevo, y una mujer no está segura —dijo Walter mientras se levantaba, apoyándose en el respaldo del sofá. Era evidente que había bebido demasiado; apenas podía mantenerse en pie y necesitaba apoyo.
Mariana observó este detalle y, mientras se ajustaba las mangas de su abrigo, respondió con calma: —Descansa bien, no te preocupes por mí.
—¿De verdad tienes que irte? Aquí no es la primera vez que te quedas. Este lugar siempre puede ser tuyo... —La voz de Walter se tornó