—¡Tú, cuídate! —Walter empujó a Manuel y se dio la vuelta para irse.
Manuel quedó tumbado sobre la mesa, sintiendo el sabor a sangre en su boca.
Mirando la figura de Walter alejarse, una risa cruel escapó de sus labios, dejando que la sangre resbalara por su garganta, intensificando el espectáculo.
—¡Walter! —gritó su nombre—. ¡Te estaré vigilando desde las sombras! ¡No cometas un solo error!
Walter guardó silencio, su rostro helado. Manuel observó el reservado vacío y luego su propia imagen des