—¿Qué opinas? —Mariana se acercó lentamente a Manuel, con una leve sonrisa en sus ojos.
Manuel no era feo,
pero en ese momento sus palabras eran hirientes y desagradables.
Cuando Mariana se acercó, Manuel pensó en repetir lo que había dicho antes.
Pero sintió que algo no estaba bien. Ella se acercaba con una intención clara.
Frunció el ceño y estaba a punto de retroceder, pero Mariana lo agarró del cuello de la camisa, sonriendo con picardía.
—Vamos a hablar en el vestidor.
Dicho esto, se dirigi