El trabajo siempre se podía resolver, pero Mariana no iba a estar siempre acompañando a Vicente en el cine.
Vicente observaba el rostro de Mariana, sus ojos reflejaban sinceridad.
De verdad quería disfrutar de una buena película con ella.
El corazón de Mariana dio un pequeño brinco, y luego sonrió. —Gracias, Vicente.
Eso la hizo sentir realmente valorada.
—¿Por qué agradeces?
—Gracias por hacerme sentir que, a veces, ver una película no es solo eso.
Era también una prueba de que dos amigos podía