Los ojos de Jimena se abrieron de par en par, llenos de terror, sintiendo claramente que sus pies se despegaban del suelo.
Mariana realmente se había vuelto loca. ¿Acaso quería matarla?
—¡Mariana, matar es... es un crimen! —gritó Jimena.
Mariana entrecerró los ojos. —¿Crimen? Piensa en todo lo que me has hecho estos años. ¿Cuánto tiempo crees que pasarías en la cárcel?
Jimena no se atrevió a hablar, solo respiraba con dificultad. —Mariana... no...
—Cuando me empujabas al agua y me difamabas, nun