Mariana lanzó una mirada cautelosa a Jimena.
Jimena arqueó una ceja: —No voy a hacerte nada, esto es una fiesta, hay gente por todas partes.
Mariana se encogió de hombros, no tenía miedo.
Mariana y Jimena tomaron asiento juntas.
Jacob, bebiendo, observaba el paisaje desde un costado, echando de vez en cuando un vistazo a las dos mujeres.
Jimena se sentó frente a Mariana, con los brazos cruzados, con aire de gran dama.
Mariana se reclinó en el respaldo de la silla, con elegancia y serenidad.
Su a