Al desembarcar, Milena se cuelga de mi brazo y se muestra muy amorosa. Como si eso no fuera suficiente, me obliga a estar al lado de Jenny cuando subimos al auto. Cada roce de su piel me resulta agonizante mientras ella me acaricia. Considero que el suplicio terminará al llegar al hotel, pero apenas inicia. Milena, una vez más, nos obliga a estar juntos en el ascensor.
—Espero que no se incomoden si los acompañamos —dice Milena, arrastrándome con ella.
—Para nada —responde Jenny, apretando el b