Jenny.
Después de un desayuno encantador y lleno de risas, Carlos se ofreció amablemente a llevarme a mi departamento. El sol matutino comenzaba a bañar la ciudad con sus cálidos rayos, y el aire en la calle era fresco y prometedor. Eran poco más de las siete, y el inicio del día me parecía tranquilo y sereno.
— ¿Por qué no subes? — le sugerí con una sonrisa, sintiendo que no era apropiado dejarlo esperando en la puerta mientras me dirigía hacia el ascensor. Su presencia había sido un respiro a