Esos gestos lindos de desesperación y miedo me excitan. Antes de que termine la oración, vuelvo a besarla y pegarla a mi pecho envolviéndola con mi calor. Esta vez siento que es ella la que me abraza liberando sus miedos. A mitad de las escaleras para llegar al segundo piso, desatamos ese fuego de la pasión que nos consume en un gran deseo. La llevo contra la pared sin dejar de besarla, dejando que nuestros cuerpos lleguen al límite de lo inminente. Ya no quiero detenerme, ninguno de los dos qu