Saco de mi bolsillo las tarjetas negras con letras doradas.
—En realidad, tú y yo sí asistiremos. Tengo dos pases y la llave de la habitación del hotel.
—¡Maldito pendejo! —se emociona Roger.
—Los desfiles de moda me dan sueño, no obstante, podemos pedir lo que queramos a la habitación.
—¿Tiene piscina?
—Y jacuzzi —le digo a mi buen amigo, que pega un brinco de la emoción.
—¿En serio?
—También podemos disfrutar de las salas de spa, masajes y sauna.
—¿Y Milena?
—Que vaya sola si quiere, estoy se