CARLOS
Ella me mira con un dejo de duda, pero tras un respiro profundo, decide seguirme. Su mirada vacila entre la curiosidad y la timidez.
—¿A dónde iremos? —pregunta, con su voz temblando ligeramente.
—Ya verás —le sonrío, mientras tomo unas toallas y la conduzco hacia la playa. La brisa marina acaricia nuestras caras y el sonido de las olas nos envuelve en una atmósfera mágica.
Corremos bajando las escaleras, la arena fresca y húmeda bajo nuestros pies. Nos dirigimos hacia unas rocas grandes