Carlos
Llego a casa muy feliz, sin percatarme del gran silencio que reina en el ambiente. Ya pasaban las diez de la noche y Fernanda, seguramente, estaba dormida. Subo hasta su habitación para dejarle un beso de buenas noches y arroparla.
Al entrar, descubro a Esteban dormido junto a ella, con el libro de cuentos en el pecho. Le doy unos toques con suavidad para despertarlo. Abre los ojos y se sorprende.
—¡Uy, lo siento! — susurra somnoliento antes de levantarse con cuidado. —Supongo que me que