No era que Scarlett quisiera admitirlo, pero ese idiota tenía una voz realmente agradable. En lugar de la pureza que la dulce y clara voz infantil de Alice le daba a la canción de cuna, su voz ronca transmitía una sensación más segura. Mágicamente, el poder masculino incrustado en una canción tan suave, de alguna manera, la hizo más reconfortante.
Quizás ese era el poder que debía tener una canción de cuna: la seguridad proporcionada por los padres.
—Oye, ¿cómo te sientes, pequeña? —Damian tocó