Tal parece que yo tengo un arte para empeorar las cosas, porque con solo respirar ya estoy siendo una maldita molestia para el hombre que se supone que me dejó aquí con la intención de que yo no causara problemas.
— No necesitas suplicar… aun. — dice el hombre lobo que se transforma en humano.
— Tú serás nuestro cambio. — dice el idiota que aun esta sobre mis pies.
— Primero quítate de mis pies y después habla. — digo con molestia.
— No es mi culpa que Adrien sea tan rudo cuando bien podem