Lino estaba sentado en la sala de conferencias, mordiendo su bolígrafo, con la mirada nublada por la frustración. La rabia le hervía por dentro, apenas contenida, y sus nudillos se le pusieron blancos mientras apretaba el bolígrafo con más fuerza. Miró con furia a cada una de las mujeres sentadas alrededor de la mesa, cada una una pieza más en el plan de Lady Kiara. Ella las había contactado, les había prometido millones y las había embarazado con su esperma. La traición y las falsas promesas l