No es alivio. No pena. Ni siquiera aceptación en la forma en que la gente la imagina: limpia, decisiva, lista para la narrativa.
Es orientación.
Un día te despiertas y te das cuenta de que tu atención ya no se organiza en torno a un conflicto central. Que los mapas mentales que utilizabas para navegar por la urgencia se han disuelto, dejando atrás una geografía más tranquila. Los monumentos todavía existen, pero ya no exigen peregrinación.
Esto me inquietó más que la partida inicial.
Durant