Me desperté en silencio.
No del tipo pacífico, del tipo que presiona tus oídos hasta que te ves obligado a escuchar tus propios pensamientos. Las cortinas estaban medio corridas y la pálida luz de la mañana se filtraba a través de ellas en finos e inciertos rayos. Por un momento olvidé dónde estaba. Entonces mi cuerpo me lo recordó.
El dolor sordo en mi espalda baja.
La opresión en mi pecho.
La forma instintiva en que mi mano se movió hacia mi estómago.
Mi bebe.
La habitación olía levemen