Sophia estaba en el hospital. Su cáncer había empeorado y el diagnóstico no era alentador. Los médicos fueron compasivos pero firmes: no podía tener hijos. Parecía una cruel jugada del destino. Mientras yacía en la estéril y blanca habitación del hospital, no pudo evitar sentir una abrumadora sensación de cansancio. No solo agotamiento físico, sino un cansancio profundo y desgarrador.
Se quedó de pie en medio de la habitación, una figura fantasmal entre los restos de una vida que no podía recla