—Tampoco me dijiste que tenías una hija, casi de la edad de Ryan —dije por fin, dejando el vaso sobre la mesa—. Jamás la mencionaste.
Se veía un poco avergonzado.
—Sí. Lo sé. Debí hacerlo. Es que... mira, Liana, la verdad es que tenía miedo, ¿de acuerdo? Me gustabas mucho, Liana. Y tú ya estabas tan distante, tan insegura. Pensé que si te contaba todo desde el principio, saldrías corriendo todavía más rápido. Quería decírtelo. Te lo juro. Pero me cerraste la puerta antes de que pudiera intenta