POV DE KILLIAN
Odiaba dejarla.
Aunque fueran solo unas horas, se sentía como si me alejara del único lugar del mundo donde mi alma de verdad descansaba.
Liana estaba acurrucada en la cama cuando le di un beso de despedida, todavía tibia de nuestra noche juntos, con la piel radiante de una suavidad que yo no merecía. No se movió cuando dejé la nota junto a su almohada, pero sabía que la leería. Sabía que sonreiría, quizás hasta se sonrojaría un poco, como siempre hacía cuando le escribía algo.