14. CON BESOS...
—Señora Jardon, usted quizás no entendería mi situación, pero créame que no tengo intenciones de lastimar a Sarah.
—Pues espero que...
—¿Pasa algo? —Se asoma Sarah, con Simón al lado y la anciana calla.
—Nada, Sarita, ya me voy. Armando debe estar esperándome para hacerle el desayuno, ese viejo perezoso quién sabe que hará cuando yo ya no esté... —dice la anciana bajando el porche para ir a su casa.
—¡Gracias, señora Jardon!
—Cuídate mucho, mi niña —le dice volteando a mirarla y