Sergio solo sentía una rabia contenida:
—¡Pues, si quiere irse, que se vaya!
Al escuchar esto, Sofía dejó de sollozar y, en cambio, levantó muy agradecida la cabeza y lo miró con una expresión lastimera:
—Entonces, ¿realmente puedo quedarme en tu casa?
Sergio le acarició con suavidad la cabeza y le dijo:
—Enviaré a Jaime a tu universidad para recoger tus cosas. No es conveniente que te quedes allí mientras te recuperas, así que quédate en casa.
Sofía aspiró por la nariz, se acurrucó con ternu