El suelo tembló bajo sus pies cuando los tres colosos cargaron a la vez.
Ciel alzó la lanza y sintió cómo el pulso oscuro en sus venas se agitaba, como si Artaxiel aún intentara reclamarla desde dentro. Ian notó el estremecimiento en su cuerpo y sin pensarlo la sostuvo del brazo.
—No te dejes arrastrar, mírame a mí.
Jordan lo vio, sus ojos se encendieron con furia.
—¡Apártate de ella!
El rugido de los colosos cayó como un trueno antes de que pudiera continuar. Una sombra golpeó el suelo, abrien