El suelo del Reino del Vacío crujía como cristal bajo sus pies, pero no dejaba huellas. Cada paso parecía hundirlos en un reflejo líquido que mostraba destellos de otros mundos, memorias o futuros inciertos.
Ciel avanzaba en silencio, con el corazón apretado. A cada instante, la sensación de que Artaxiel estaba cerca se hacía más fuerte, como un susurro constante en sus venas.
De pronto, el aire se quebró con un murmullo. Voces antiguas, superpuestas, rodearon al grupo:
—El Eclipse no camina so