El santuario estaba en silencio, salvo por el suave resplandor de la marca de Ciel y los ecos de sus respiraciones. Tras el último ataque de Azrael, la joven sentía que cada fibra de su ser había crecido, pero también sabía que ese no era el final. Había demasiado por descubrir.
—Si queremos vencerlo —dijo Ian, revisando los antiguos manuscritos dispersos—, necesitamos conocerlo. Su origen, sus motivaciones, todo. No podemos luchar a ciegas.
Jordan asintió, señalando un pergamino que hasta ento