El temblor en la tierra se intensificó, y de las sombras surgieron figuras que se movían con precisión casi militar, los emisarios de los tres clanes. Sus ojos brillaban con intenciones desconocidas, y el aire parecía cargado de promesas de guerra y traición.
Ciel se incorporó lentamente, con Ian sosteniéndola aún, y su mirada se volvió un faro de desafío hacia todos los presentes.
—Si creen que voy a dejar que me controlen… están equivocados —dijo, con la voz firme a pesar del miedo que aún la