El tiempo avanzó con una paciencia que nadie había pedido, pero que todos terminaron necesitando.
Las generaciones que vinieron después ya no crecieron con el eclipse como amenaza latente, sino como una historia lejana que sonaba extraña, casi exagerada. Para muchos jóvenes, aquello de una fuerza capaz de inclinar al mundo entero parecía más una metáfora que un hecho. Y quizá lo era, en parte. Con el paso de los años, incluso los acontecimientos más reales se vuelven símbolos, y los símbolos, s