El cielo se abrió de pronto como si una garra invisible desgarrara las nubes. Un relámpago blanco cayó detrás de Alexandre, iluminando la figura oscura que empezaba a tomar forma por completo.
Ciel retrocedió un paso, abrazando al niño contra su pecho. El pequeño respiraba agitado, inquieto, como si su sangre reconociera el peligro incluso dormido.
La sombra alrededor de Alexandre se disipó, revelando finalmente su rostro.
Ojos plateados. Piel pálida. Un aura que parecía absorber la luz en luga