Parte 4. Capítulo 20. La usurpadora
Deibi estaba al borde de un colapso, furioso por su propia torpeza. Había tomado muy a la ligera el hecho de que una mujer, recién llegada a La Costa, presentara condiciones sobrenaturales similares a las de ellos.
Era imposible que otra persona en la faz de la tierra poseyera ese mismo espíritu, a menos que tuviera relación de sangre con la sociedad étnica o que fuera capaz de hacer pactos con el diablo.
Lo segundo no sería extraño. Sin embargo, él seguía creyéndolo imposible. Así que la buscó