Parte 3. Capítulo 17. La cara del demonio
—Muerde el paño para que…
—¡Saca la maldita bala de una vez! —reclamó Jonathan con enfado. Lo habían trasladado a la casa de Baudilio para curarle las heridas. La bestia de Kenaí le había propinado profundos arañazos, recibiendo además, disparos que lo debilitaron.
Gregory sacaba con ayuda de sus garras, las dos balas que habían quedado alojadas en la espalda de su hermano, para que luego sus heridas pudieran cicatrizar sin problemas gracias a las capacidades curativas que les aportaba la besti